LA DESGRACIA DE SER GRACIOSO
Siempre se ha dicho que es mucho más difícil hacer reír que hacer llorar; porque un chiste puede tener gracia o no, pero con “Ana y los 7” tienes el llanto asegurado.
Bueno, en realidad hacer reír no es tan difícil. Aunque todo depende del sexo. ¡Cómo no!
Está comprobado que hay tres cosas que hacen reír a un hombre: los monos, las patadas en las pelotas y los pedos, estos últimos en mayor medida. Sí, es triste pero es lo que nos hace gracia. Somos así de simples.
Pero a la mujer. ¿Qué le hace reír a una mujer? Hay Dios. Aquí sí que está difícil. Pero para eso estoy yo aquí. No hay nada que más haga reír a una mujer que un tío intentando ligar con ella. Ver cómo nos humillamos, como nos intentamos hacer los interesantes, escuchar todas las tontadas que nos salen por la boca con el único objetivo de… (imaginad un balanceo como de niño pequeño punta plano talón punta plano talón) deee… bueno, de… (el balanceo es más intenso hasta que parece que está gincando)… de eso.
Y en todo este proceso hay una palabra clave: ser gracioso. Es la palabra tabú, como en el juego. Si la dice la chica has perdido. Fuera de la partida. Si, si, si. Si te dicen que eres gracioso date por jodido. Bueno, sí…, pero no, no, precisamente todo lo contrario. Que todos los hombres que leen esto intenten recordar con cuantas mujeres se han liado si antes le han dicho que era gracioso. No contesten ya lo hago yo por ustedes: ninguna. A eso en ciencia se le llama pauta de comportamiento, vulgarmente conocido como una putada.
Y es que no hay mayor desgracia que ser gracioso.
Verán.
(Imaginad música de ambiente de discoteca)
Vas donde una chica con sonrisa de interesante, te acercas como el gato pardo de los Apeninos a su presa con la seguridad del depredador asesino y comienzas a bailar a su lado. Ella sonríe y le sueltas:
- ¿Cómo te llamas?
- Amparo.
- ¿Y tu amiga?
- Manuela.
- ¿Te has fumado un porro? ¿Has tirado la fruta hija?
Mal empezamos. Pero en una situación no puedes evitarlo. Así que sigues sin inmutarte ante su cara de odio.
- ¿Tienes novio?
- No
- ¿Te sirvo?
- Ay, qué gracioso eres.
(Fuerte toque de trompeta al estilo de sirena de concurso)
Palabra tabú. Has perdido.
Bien, pero se puede intentar de otras maneras. Te las puedes dar de intelectual para buscar otro tipo de reacción.
(Vuelve la música de ambiente)
- Mira María. El ser humano es un animal en el fondo. Estamos sometidos a los mismos instintos. Y el más poderoso de todos es el instinto de supervivencia, por eso le tenemos miedo a la muerte. Y para luchar contra ella tenemos descendencia para vivir en nuestros hijos una vez muertos. La procreación es parte de nuestro instinto natural, ¿por qué ir en contra de nuestra naturaleza?
- Y en ese momento te dice: Es que me mondo. De verdad que eres muy gracioso.
(Trompeta de nuevo y desaliento del artista)
Aunque en el fondo, si alguna vez cuela alguna de estas patéticas estratagemas, casi es peor que te lo digan después.
- Te ha gustado.
- ¡Qué gracioso!
Así que desesperado por no comerme un rosco pensé en un plan maestro. Pensé en hombres besándose, enseñando sus culos por pantalones de cuero negro rotos, travestis vestidos con plumas y sedas multicolor dándose el lote por la calle, todos juntos de la mano por la Castellana.
Ya está. Hay que organizar el día del orgullo heterosexual. Así iríamos por la calle sobándonos los unos a los otros y ligando sin parar porque estamos orgullosos de ser heterosexuales.
Pero un amigo homo me dijo. – Pero no te das cuenta de que el día del orgullo gay es uno. Los 364 restantes son los vuestros – Así que cogí a la primera chica que encontré le agarré del pecho izquierdo y le besé. No me llamó gracioso, pero esa vez sí acabe jodido. Con un ojo jodido y la entrepierna jodida.
Viendo el percal me puse a estudiar sobre el asunto. Y topé con un documento audiovisual histórico que me desveló el secreto de las relaciones entre hombres y mujeres. El mejor reality show que he visto en mi vida: “Grease”. Sí, sí, la película de John Travolta. Desentraña los auténticos deseos del ser humano.
Analicé la película y vi. ¿Qué quiere una mujer de un hombre? Quiere a un macarra cabrón para convertirlo en un príncipe azul amariconado. Y ¿el hombre de la mujer? Una princesita remilgada para transformarla en la diosa del cuero negro. Sí señores. Las mujeres quieren tener el poder, saber que ellas pueden domar a la bestia. Y los hombres queremos… bueno (balanceo). Todos sabemos lo que queremos los hombres.
Ya tenía toda la información. Hagamos un recopilatorio:
“Evitar ser intelectual, soso, pringadete u osito de peluche. Hay que ir de macarra y cabrón, pero no pasarse no hay que parecer completamente insensible; pero tampoco demasiado sensible. Ir cambiando gradualmente hacia la imagen de corderito amaestrado ante los deseos de la chica al mismo tiempo que intentas mantener tu facha de tipo duro y tratas de convencerle a la chica de que satisfaga tus fantasías sexuales. Hacerla reír pero sin parecerle gracioso. Recordar cumpleaños, fechas de aniversario, días de los enamorados, su nombre – eso es importante también – …”
Y si a todo eso le ponemos banda sonora nos sale:
“La banda sonora de Misión imposible”