El cine está pasando por momentos de crisis. Y no lo digo porque a Tom Cruise le tiren de las orejas porque Hollywood está reduciendo los beneficios de años anteriores. Lo digo porque los cines están quedándose vacíos. La gente ya no va al cine.
Muchos establecimientos están cerrando y sólo proliferan las grandes multisalas que pueden amortizar unas películas de éxito con otras catastróficas.
Hay quien dice que es porque los precios son demasiado altos. Es posible, aunque sé de buena tinta que los mayores beneficios de los cines son las palomitas. Pero por muy altos que sean los precios, alquilar un DVD te sale a dos euros, y el cine a 5 ó 6. No es comparable un cine con verlo en casa.
La cuestión es que antes el cine servía muchas veces de sustituto de la lectura. Mucha gente prefería ir al cine que leer, porque suponía un esfuerzo mucho menos. Y ahora hemos de admitir que leer también se ha convertido en un hábito muy caro en muchas ocasiones.
Cierto es que cada vez es más difícil ver una buena película, pero siempre hay algo que no te duele haber pagado por ver. ¿En qué pasa el tiempo la gente que no va al cine? ¿En qué se gasta esos 6 euros?


Llegamos a una edad en que cada reunión de amigos es como un campo de tiro. Sabes que por algún lugar alguien va a lanzar la bomba de que en un breve periodo de tiempo se va a casar.
Ay, incautos. Pensábais que con el poster y el reciente estreno dedicaría este post a la película. Pues no. Os equivocáis; porque como un ilusionista he distraido vuestra atención para dedicarme a otro tema. Aunque tiene mucho que ver con la magia.
Como nuevo post vamos a empezar con una recomendación literaria.
No tengo palabras para explicar nuestra ausencia. Aunque en realidad es muy sencillo:

