Todos sabemos que ante la duda la más tetuda; pero en realidad la duda puede tratarse de el auténtico motor de la evolución. Como una extensión de la teoría del efecto videojuego, la duda es lo que te hace abrir la puerta número uno o la puerta número dos.
Te hace preguntarte si lo que quieres hacer es posible o no. Si lo que te dicen tus padres sobre si te quedarás ciego si te la meneas mucho es verdad o no; y tímidamente vas acercando tu mano hacia la entrepierna y todo se queda negro. La luz se ha ido. ¿Casualidad? Todos sabemos que no te quedas ciego si te la cascas, pero antes siempre está la duda.
Hay quien piensa que la duda es lo que te hace parar en tus ilusiones. Yo creo que la duda te hace plantearte siempre el futuro. Así que en lugar de frenarte es el acicate que te ayuda a seguir.
Y de la misma forma con cualquier asunto, está bien defender todos tus ideales y principios de vida, pero ante todo debe acompañarte la duda de si son los correctos, para una vez corroborado cambiarlos o permencer en ellos.
La duda es el espíritu del cambio. Es lo que te hace pensar que puede haber algo mejor y que es posible alcanzarlo. Y es ese efecto videojuego el que te hace intentarlo.
La margarita dice si/no, si/no.
Yo te digo que no te quedas ciego.
Así que…


Desde que el hombre es hombre, y se dio cuenta de que no era igual a la mujer, se creó la unión casi inseparable del género masculino. Y de esa unión nació el “Código del Honor” o lo que en otras culturas llaman el “Pacto entre Caballeros”.
Los vecinos son como las ratas y las cucarachas. Son entes vivos molestos que rondan por los territorios por donde moras. Hacen ruido, molestan, ocupan tu espacio vital en el peor de los casos; y por una razón o por otra es imposible matarlos.

