Los vecinos son como las ratas y las cucarachas. Son entes vivos molestos que rondan por los territorios por donde moras. Hacen ruido, molestan, ocupan tu espacio vital en el peor de los casos; y por una razón o por otra es imposible matarlos.
Al igual que las “Beetles”, algunos de ellos tienen hijos pequeños de lo que se deduce que: nacen, crecen, se reproducen; y con “Cucal”, ni mueren ni desaparecen. Porque esta subespecie de cucaracha sobrevive a todo. Las cucarachas normales tienen la decencia de esconderse ante el mínimo rayo de luz; y tratan de ser silenciosas para no molestar al inquilino yacente. Sin embargo los vecinos no reaccionan ni ante los sutiles flahses de lámpara nocturna en los patios interiores, ni ante la música aún más alta que la suya para competir por quién hace más ruido o molesta más. Hacen oidos sordos a notas anónimas en los buzones, y aún más cuando se lo dices a la cara. Los gritos no sirven para nada, el diálogo tampoco.
Las sutileza tampoco es lo suyo. Pega cuatro gritos por el patio interior. Amezana. Pon a todo trapo “The Final Countdown” de Europe para que se vayan enterando. Y cuando termine lanzas varias botellas de salfumán con los meados y cagadas de tu gato al patio. Cierras todas las ventanas interiores mientras cambias el disco y pones aún más alto “La Cabalgata de las Valkyrias” de Wagner seguido por “In the army now” y por último “Another that byte the dust” the Queen seguido de “Who wants to leave forever”.
Entonces, y sólo entonces, es hora de coger vacaciones.
La foto que acompaña a este post, no es ni más ni menos que uno de esos vecinos que pululan por la zona donde vivimos. Evidentemente, tuvimos a bien hacerle una foto mientras sus lorzas se expandían sobre el alfeizar de su ventana y, posteriormente, introducirnos en el ordenador de nuestro compañero de piso y ponérsela de fondo de pantalla. Y suerte tenéis de que no se le vea la cara.


A pocos días de mi examen de la oposición no dejo de preguntarme por qué la gente se vuelve loca. El pasado fin de semana hice el primer examen de otra oposición a la que me presento; y tuve la desgracia de que me tocara al lado de una señorita mentalmente desequilibrada. Mientras mi mente se aferraba a los mínimos recuerdos sobre la legislación de vigente sobre procedimientos administrativos, la psique enferma de la señortia de al lado hacia una excursión a la dimensión donde las nubes son de tampax y las tejas de chocolate y marihuana.
Hay pocas cosas en esta vida fastidien más que te hagan perder el tiempo.
Quiero un mono en mi vida. Quiero despertarme por las mañanas y al abrir el cuarto de baño encontrarme a un chimpancé sentado en la taza del báter leyendo el periódico mirándome indignado por la interrupción. Quiero disculparme tímidamente mientras me quito las legañas de camino a la cocina.
Algo muy breve pero de interés para mucha gente. Con el privilegio que me supone conocer a Santiago, autor de “El Ejército Negro”, os puedo informar de que el segundo volumen de las aventuras de Arturo Adragón saldrá a la venta el 2 de Octubre.
Una vez más nos vemos obligados a descansar. La próxima semana se organiza la cena anual de amigos de los X-birros de Sakafai de Logroño.
El cine está pasando por momentos de crisis. Y no lo digo porque a Tom Cruise le tiren de las orejas porque Hollywood está reduciendo los beneficios de años anteriores. Lo digo porque los cines están quedándose vacíos. La gente ya no va al cine.
Llegamos a una edad en que cada reunión de amigos es como un campo de tiro. Sabes que por algún lugar alguien va a lanzar la bomba de que en un breve periodo de tiempo se va a casar.
Ay, incautos. Pensábais que con el poster y el reciente estreno dedicaría este post a la película. Pues no. Os equivocáis; porque como un ilusionista he distraido vuestra atención para dedicarme a otro tema. Aunque tiene mucho que ver con la magia.

