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Materiales de construcción, bibliotecas y ZORRAS

17 abril, 2006

Por alguna extraña razón de la naturaleza (esa que dicen que es tan sabia), los suelos de todas las bibliotecas públicas están construidas con los materiales que más ruido producen al pisarlos.

También es cierto que antaño poblaban estos bosques laberínticos de libros, escribas, amanuenses y eruditos del saber, cuyo mayor abrigo en sus pies consistía en alpargatas y gruesos calcetines que en ocasiones alcanzaban el bajovientre.

Pero con los años, la sociedad ha evolucionado, y con ella sus motivos, sus costumbres, sus objetivos y su forma de vestir. Ahora las bibliotecas están infestadas de púberes estudiantes faltos de cultura que ansían aprobar sus exámenes para poder olvidar lo que en ese tiempo de literatura muerta y decadente tanto les costó memorizar.

Entre todo ese enjambre de imberbes estudiantes me encuentro yo, EL OPOSITOR, analizando la fauna autóctona de la biodiversidad bibliotecaria. Y llevo años obsesionado con una especie animal en particular: “LA ZORRA SILVESTRE DE TACÓN DURO”.

Este Ser, libertino y desvergonzado, acostumbra a realizar su ritual de apareamiento lascivo y molesto en las zonas de estudio. Sabedora y conocedora de los materiales usados para la construcción de los suelos de las bibliotecas, es decir, piedra o madera, la ZORRA silvestre de tacón duro, se atavía con el calzado típico que le da su nombre y se pavonea en constantes paseos con fuertes pisadas que llaman la atención de todos los asistentes; no dejando indiferentes ni a los usuarios de tapones para los oídos o cascos con música (a los que ya dedicaré otro capítulo a parte) debido a la fuerte acústica de la sala y a sus instrumentos de tortura.

La ZORRA silvestre de tacón duro suele ir acompañada de una cohorte de dos o 3 “zorritas” que, sin llegar a ser ZORRAS dominantes, producen el efecto de hienas molestas. Éstas suelen desmarcarse de la ZORRA mayor para que el pavoneo de su superiora quede patente y los asistentes puedan apreciar mejor su danza ritual. Al mismo tiempo que cumplen la función de ser más feas y menos provocativas para crear mayor contraste.

El fuerte ruido estridente de sus enérgicas pisadas dan paso a lo que podríamos llamar una máscara ritual de cremas, potingues y pinturas, seguido de todo tipo de abalorios y colgantes y aderezado con un más que generoso escote. Toda esta indumentaria circense consigue disfrazar a la ZORRA silvestre de tacón duro haciéndose pasar por “Putón desorejado” de hábitat estudiantil. Vano esfuerzo, por otro lado, ya que en realidad su efectividad no llega más allá de la mera “Mosca cojonera” de detrás de la oreja.

Amén del loro y la cotorra bibliotecarios, junto con la ZORRA silvestre de tacón duro, y con el permiso de ICONA, deberían ser objetivos de raza a extinguir por caza y maltrato. Pero me temo que seguirán infestando las bibliotecas de nuestro país como las ratas que en realidad son.

Para terminar, mención honorífica al que se le ocurrió hacer los suelos de corcho. Buena idea en principio, que se frustró rápidamente con un “ñiek, ñiek” de cada zapato.

Tan sólo una sugerencia: MOQUETA.

Y francotiradores apostados en las estanterías.

4 comentarios

  1. Muy cierto es que la aparición de la ZORRA se produce con la subida de temperaturas y la aparición constante del Sol en este nuestro país, llamado España.

    Pero también hay que señalar otros miembros muy destacables de las bibliotecas españolas. Por ejemplo, en mis años de joven estudiante de periodismo -es decir, vulgarmente conocido como tocapelotas- siempre me llamaron la atención esos seres que necesitaban cuatro ‘suprayadores’ para estudiar.

    Por supuesto, todos de diferentes colores y, por supuesto, en su mayor parte pertenece al gérero conocido como femenino. Además estas personas suelen colocar la cabeza en una postura extraña, paralela a la mesa mientras ponen naranja al encunciado, verde a las palabras más importantes y amarillo a a las ideas secundarias.

    Un auténtico caos que sólo produce desprecio. Porque además, en un alto porcentaje, son muy feas en el caso de las mujeres o unos inadaptados sociales en el caso de los hombres. Pero lo que más fgrima produce, es que no suelen ser buenos estudiantes, sino unos obsesos del orden momentáneo que creen que con adornar los apuntes -que ademas, y es lo más lamentable, serán suyos- con colorines de parvulario.

    Serán las mismas que no irán con tacón y que no molestarán con ningún ruido salvo el SSSSSSSSHHHH del rotulador al pasar por el folio. Y a los que la moqueta le provocarán alergia, porque tendrán estornudos cada dos por tres y por cualquier cosa.


  2. Ay, zorritas de la biblioteca… los mejores ratos del MIR, si pillases con una de esas de la cohorte vivirías más tranquilo y estudiarías mejor 😉


  3. Coincido con “El que no pega ni chapa”, estuve saliendo con una tía que era una maniatica del orden, y yo que rara vez pasaba por clase tenía que pedir los apuntes a otras personas porque con los suyos en 8 colores (lo juro, 8!!!), amén de los como poco 3 subrayados yo me mareaba.
    Eso obviando el hecho de que como se molestan tanto en colores y gilipolleces varias, el contenido no es bueno y a veces creo que lo subrayan al puto azar, que más bien parece que están haciendo una sopa de letras con palabras en el texto que buscar algo importante en su sopa de colorines…


  4. La moqueta acabará con el mundo civilizado.

    Los tacones me gustan, sobre todo si los lleva una mujer guapa (y ójala inteligente). Además soy de los que escriben y pasan páginas haciendo un ruido infernal.



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