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Amigos de la universidad

13 junio, 2006

Oh CapitánAl finalizar la carrera le dije a una compañera mientras mirábamos el almanaque o libro de la promoción: "De todos los que ves aquí te acordarás tan sólo de 10 dentro de unos años". A lo que ella me contestó gentilmente que de esos 10, yo sería uno en su lista particular, y evidentemente se olvidó de mí.

Zorra.

Pero si en anteriores episodios de "loquepasótraslatomatera" dejamos claro que los amigos de la infancia eran algo especial, no menos especiales son los amigos de la universidad.

UNAVYo etudié en el edificio de la foto, y cuando compartes cuatro años dentro de ese búnker antirradiación se crean vínculos especiales. Máxime cuando encima, te encuentras sometido a la presión del Opus Dei. Que, anda que no eran cansos con sus puñeteras entrevistas personales con el tutor de turno.

Los que hemos tenido la suerte de estudiar lejos de las faldas de nuestros padres, es decir, en ciudad diferente de la de tu familia, descubrimos casi plenamente el sentimiento de libertad. Haces lo que quieres, cuando quieres y como quieres. Y lo que es más importante, descubres que no hace falta ir a clase para aprobar las asignaturas. Así que desempeñas toooodo tu tiempo libre en cultivar nuevas amistades y en reunirte con gente que tiene tantas ganas como tú de ir a clase.

Los amigos de la infancia son geniales, pero los tienes desde siempre y sabes que no les vas a perder, pero como cuando comes muchas veces cordero, al final te cansas y agradeces enormemente la variedad. De esta manera conoces gente de distintas ciudades, distintas culturas y costumbres y te interesas por su vida, de la misma manera que ellos por la tuya. Además, si los amigos de la infancia eran esas personas con las que compartías vivencias y que te entendían en el colegio porque pasaban por las mismas cosas que tú al mismo tiempo; los amigos de la universidad cumplen la misma función en otra época de tu vida donde te pasan muchas cosas nuevas. Que para tus padres y abuelos son trivialidades y recuerdos de una vida más feliz, pero para ti son nuevas experiencias y cosas que aprender con gente que tiene tus mismos problemas y, a veces, tus mismas inquietudes.

Además, si los amigos de la infancia te aguantaban en la época en la que más tonto eras, los de la universidad te aguantan en la época en la que más te da por hacer el idiota.

Yo me subí encima de la mesa de clase y le grité "Oh, Capitán, mi capitán" al cura de antropología, le hacía preguntas humillantes al profesor de Fundamentos Culturales de la Comunicación I y II, humillaba públicamente a la profesora de Ética y a la dirección del Colegio Mayor Larraona, saltaba, daba brincos, representaba monólogos del club de la comedia en la sala de ordenadores, pirateaba los ordenadores para expandir el chat cuando internet comenzaba, hacía la horizontal en las mesas de radio, fingía hacer el exhibicionista en los pasos de cebra con una gabardina y los pantalones subidos hasta las rodillas, meaba desde el ático de casa, me meti en la nevera de casa para pegar un susto, me colgaba como un murciélago de las marquesinas de los autobuses… y aun así, conseguí amigos. Cómo no van a ser importantes los amigos de la universidad.

Dedicado a todos los colegas de la Uni: los Chicos de Chou (anteriormente conocido como los "Impresentables"), Roncalés, Alfonso, Xavi…. etc., etc., etc.

Y dedicado también a Blanca Remírez de Ganuza. Todos nos acordamos de ti y de aquella camiseta de tirantes (que jamás volviste a llevar puesta después de que abriese la boca… lo siento, lo siento, lo siento de verdad chicos).

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6 comentarios

  1. Nadie tiene fotos de esa mujer, que ya me entra la curiosidad?


  2. Yo no, te lo puedo asegurar.


  3. Yo si tengo fotos


  4. Lo que tiene la vida. Un día, navegando por Internet, decides poner tu nombre en google para saber hasta dónde alcanza tu fama (jaja) y allí, entre tantas referencias a un vino que por casualidad lleva tu mismo apellido, encuentras una pequeña dedicatoria que te hace recordar viejos tiempos, casi olvidados.

    Digo casi, porque ha sido leer estas líneas y han comenzado a aparecer miles de anécdotas y recuerdos de mi época universitaria. Entre esas -cómo olvidarlo-el discurso que te marcaste el primer día de clase subido a la mesa y gritando esas célebres palabras. Eso sí, por más que lo intento, no logro recordar la camiseta de tirantes de la que habláis (jaja). En eso tendréis que ayudarme.

    Y bueno, sólo deciros, a ti especialmente, que es un placer saber que alguien sigue acordándose de ti después de tantos años y que espero que me contéis cómo os va todo. Si el destino o la casualidad ha querido que nos encontremos de nuevo, lo justo es facilitarle las cosas, ¿no?

    Muchos besos desde Madrid.


  5. Chica de los tirantes, tienes mi móvil, así que úsalo. Sabes, que siempre es un placer volver a saber de ti. Jua jua jua.


  6. Soy yo o se respira amor en el ambiente?



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